lunes, 25 de abril de 2011

Nuestro destino será morir. Pero nuestra meta.. AMAR.


Amo vivir el día a día, sin pasado, ni futuro.
Amo tener largas charlas conmigo misma, es muy interesante preguntarme cosas y contestarlas sólo con lo que yo quiero escuchar.
Amo imaginarme una vida soñada cada vez que cierro los ojos.
Amo encontrar fotos, rebobinar en el tiempo sólo por unos instantes, reír y recordar ese camino que recorrí en un momento hasta llegar a ser lo que hoy soy.
Amo mis momentos de histeria, en ellos puedo expresar sentimientos que son imposibles de representarlos de otra manera que no sea gritando, saltando y pasando papelones.
Amo a mis amigos, son esa combinación perfecta entre el sostén en días de crisis, y el motivo de muchas sonrisas en días soleados.
Amo que la gente se ría y salude con euforia.
Amo los aromas.
Amo a mis enemigos, me hacen dar cuenta de la imperfección propia, y la de la sociedad.
Amo la lluvia y el invierno, son los causantes de que la gente se exprese y profundice sus sentimientos.
Son cosas que siempre admití que amo. Pero en la vida de todas las personas hay asignaturas pendientes... En la mía, esa asignatura se trata de admitir la otra parte de las cosas que amo.
Nunca admití ni creo admitir que lo amo profundamente, por más de que sea el motivo de algunos, o tal vez muchos, disgustos y llantos. (Por vivir en una sociedad tan pesimista, nunca hablo de lo bien que me hace, y de las sonrisas que es capaz de producir). Sí, lo amo, como amo la frialdad y el misterio, motivos por los cuales nadie sabe que lo amo.

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